En el tratamiento del infarto agudo de miocardio, la angioplastia primaria (AP) (cateterismo y angioplastia coronaria urgente) ofrece unos claros beneficios sobre la trombolisis (tratamiento para disolver el trombo que ocluye la arteria coronaria). Además de que la AP se puede realizar en pacientes con contraindicaciones para trombolisis, varios estudios aleatorizados han demostrado que la AP ofrece sobre la trombolisis una tasa significativamente mayor de repermeabilización adecuada de la arteria del infarto y una reducción en la tasa de recurrencia de la isquemia, en la necesidad de nuevas revascularizaciones, en la mortalidad y en la tasa de ictus (gracias a la disminución en la incidencia de hemorragia intra-craneal).

Además de estas evidentes ventajas de la AP sobre la trombolisis en la evolución clínica de los pacientes con infarto de miocardio, la AP supone un abordaje radicalmente diferente al manejo clásico del infarto tratado con trombolisis. La realización de coronariografía urgente en el infarto no sólo permite recanalizar la arteria del infarto, sino que además ofrece una información inmediata de toda la anatomía coronaria, obviándose por tanto la realización de pruebas de isquemia posteriores. Por ello, el manejo posterior del paciente mucho es más sencillo, permitiendo un alta hospitalaria más precoz.
Todo ello hace que a lo largo de los años se haya ido admitiendo la AP como la estrategia de reperfusión de elección en el infarto, siendo actualmente su falta de disponibilidad en muchos centros su única limitación. En las recomendaciones de la Sociedad Europea de Cardiología y de la Sociedad Española de Cardiología, se reconoce la AP como la estrategia de reperfusión de elección si puede realizarse en menos de 90 minutos por un equipo experimentado.